30/06/09
27/06/09
El refugio de Mamainé
El restaurante de Mamaine es el lugar más visitado del Guayabo, tanto por el prestigio de su comida, como por el de su anfitriona, Esther Cartagena de Cotito, una morena risueña que ha hecho desde hace once años de su Refugio el mejor pretexto para visitar el Guayabo y disfrutar del Manchapecho, plato típico que consiste en una porción de Carapulcra y otra de Sopa Seca, una combinación perfecta con una copita de Totuma, licor hecho de la misma fruta, para disfrutar del olor, el calor y el sabor de este pequeño oasis revestido con guayaquiles y caña de lugar, acogedor por la comida entre típica y casera, personalizado porque Mamaine tiene siempre una sonrisa y un gran abrazo para las fotos, como las muchas que decoran sus paredes, con los comensales que llegan desde los lugares más lejanos. “Hace un tiempo vinieron de la CNN en español, mi hija dice que ahora están pasando el especial a cada rato”.
Pero la sazón de Mamainé no es solo culinaria, flamante regidora municipal, ex Señora del Carnaval Negro en el 2005, Esther es una mujer a la que el baile y la música ha acompañado durante toda la vida, y que lleva en la sangre, porque también es sobrina del legendario zapateador y violinista Amador Ballumbrosio. Siempre sonriente, Mamainé aclara que no solo gusta del festejo o el landó, sino que disfruta mucho de los ritmos andinos, y siempre que puede escaparse a Lima se va con sus amigas a La Candelaria, El rinconcito ayacuchano o Las brisas del Titicaca.
Pero la sazón de Mamainé no es solo culinaria, flamante regidora municipal, ex Señora del Carnaval Negro en el 2005, Esther es una mujer a la que el baile y la música ha acompañado durante toda la vida, y que lleva en la sangre, porque también es sobrina del legendario zapateador y violinista Amador Ballumbrosio. Siempre sonriente, Mamainé aclara que no solo gusta del festejo o el landó, sino que disfruta mucho de los ritmos andinos, y siempre que puede escaparse a Lima se va con sus amigas a La Candelaria, El rinconcito ayacuchano o Las brisas del Titicaca.
El Refugio de Mamainé tiene poco más de una década pero fue en el año dos mil cuando se trasladó a su actual ubicación, donde vivía Esther Cartagena antes de emprender una ardua travesía como cocinera, a ella que no le gustaba la cocina. A los doce años tuvo que dejar el colegio para dedicarse a cuidar de sus hermanos y de la casa "...yo lloraba porque quería terminar mi primaria, pero nuestra situación era muy difícil, y así aprendí a cocinar"; ya con el tiempo empezó a vender anticuchos en Chincha, trabajó también en una fábrica cocinando para los obreros, generalmente por las noches,"... siempre le cocinábamos aguadito de pollo o estofados, pero yo le añadía una cosa diferente cada día, para darle variedad a la comida". Con el tiempo puso un pequeño restaurante en el distrito de Sunampe, y aunque las cosas no le salieron bien al principio Mamainé terminó siendo profeta en su tierra, su querido Guayabo a donde regresó pensando que ahí nadie iba a ir a probar su comida; por suerte el tiempo no le dio la razón.
Especial de Mamaine:
Seis en uno: Arroz blanco, frejol negro, seco de res, cau cau, carapulcra chinchana y sopa seca.
25/06/09
El Guayabo
Se ha abusado de este grupo. No se les ha compensado para nada al nivel de otros sectores de la sociedad peruana. Viven en condiciones económicas y culturales denigrantes. Eso no ha cambiado en cientos de años. Es doloroso. Ellos han desarrollado su danza y su música para no morir de tristeza
L.S.
El Guayabo es un pequeño pueblo cercano al distrito de El Carmen, antiguo reducto donde se concentraba la mayor densidad poblacional de raza negra hasta hace poco tiempo. Sus calles de tierra no abarcan más de unas cuantas cuadras en torno a una plaza inexistente y a una huaca deteriorada sobre la cual descansa una iglesia colonial abandonada; las chacras de algodón o de maíz circundan al caserío a la rivera del río, Don José Carrillo, nos cuenta que la cultura negra se mantenía viva ahí casi como una cofradía cerrada, que los pobladores no se casaban con personas de otros grupos étnicos, pero con el tiempo, sobre todo en la última década, muchos inmigrantes de las partes altas colindantes a Castrovirreyna, provincia de Huancavelica, se han asentado aquí y en casi todo El Carmen, zona de amplias plantaciones que ha necesitado siempre de gente que las cultive. Razas, creencias, culturas, folclor, se han ido superponiendo y añadiendo a la riqueza antropológica que los ritos y creencias configuran en el mundo de sus habitantes y que sus visitantes apenas parecen entender. El Guayabo es un pueblo en donde la alegría y la tristeza se confunden en el rumor de la vida cotidiana y sencilla, en las amplias sonrisas de esta gente morena, amable y hospitalaria.
Se puede llegar fácilmente tomando un desvío hacia la entrada de El Carmen. La carretera está debidamente pavimentada y señalizada.
El Guayabo es un pequeño pueblo cercano al distrito de El Carmen, antiguo reducto donde se concentraba la mayor densidad poblacional de raza negra hasta hace poco tiempo. Sus calles de tierra no abarcan más de unas cuantas cuadras en torno a una plaza inexistente y a una huaca deteriorada sobre la cual descansa una iglesia colonial abandonada; las chacras de algodón o de maíz circundan al caserío a la rivera del río, Don José Carrillo, nos cuenta que la cultura negra se mantenía viva ahí casi como una cofradía cerrada, que los pobladores no se casaban con personas de otros grupos étnicos, pero con el tiempo, sobre todo en la última década, muchos inmigrantes de las partes altas colindantes a Castrovirreyna, provincia de Huancavelica, se han asentado aquí y en casi todo El Carmen, zona de amplias plantaciones que ha necesitado siempre de gente que las cultive. Razas, creencias, culturas, folclor, se han ido superponiendo y añadiendo a la riqueza antropológica que los ritos y creencias configuran en el mundo de sus habitantes y que sus visitantes apenas parecen entender. El Guayabo es un pueblo en donde la alegría y la tristeza se confunden en el rumor de la vida cotidiana y sencilla, en las amplias sonrisas de esta gente morena, amable y hospitalaria.
Se puede llegar fácilmente tomando un desvío hacia la entrada de El Carmen. La carretera está debidamente pavimentada y señalizada.
18/06/09
Palenque de El Carmen
Historia de vida
José y Gregoria, hijos de africanos, creyeron en una familia y la constituyeron, José era campesino; Gregoria, la que ordeñaba vacas. Tuvieron 15 hijos, todos dedicados a la agricultura. Eran analfabetos y sin educación, pero les bastó el trabajo y la creencia para estar protegidos.
Uno de los 15 hijos fue Basilio Ballumbrosio, era el que se desaparecía del pueblo porque estaba en la sierra, sabe Dios haciendo qué... Basilio era analfabeto igual que sus padres, pero inteligente, y aprendió el quechua por el sonido. Se comunicaba con los serranos y hacía de traductor para el hacendado.
Don Bacho fue padre de 11 hijos, se casó con una serrana, samba muy blancona: Isabel. En esta familia lo importante era la unión y el sacrificio: los hombres al campo y las mujeres al calvario.
Un día, uno de sus hijos, Amador, tuvo un accidente mortal. Fue a la edad de 4 años que Amador fue ungido con los sacramentos y bautizado con aguas, sal e incienso porque dios los llamaba. Isabel lo entregó al al niño Dios Rey de los Pastores y éste tendría que cumplir la promesa de su madre de zapatear y llevar la tradición de su pueblo a todas partes. Así Amador creyó en lo que hacía desde chico: zapatear para Dios y para los niños del pueblo.
Amador tiene 15 hijos, zapatea y toca el violín y a cada uno de sus hijos les untó los pies con aceite, agua y sal y les dio un compás de vida: primero el campo como escuela de vida en donde el trabajo con lampa duele; segundo el respeto a la vida y al trabajo, y tercero el respeto a la lampa porque así murieron sus ancestros.
Amador es casi una leyenda pues así lo quiso Dios, porque él nunca lucró con su don de ser artista, él siempre será así y nadie lo podrá cambiar; será como sus antepasados: indio-negro porque su abuela era serrana y porque José y Gregoria eran hijos de africanos.
Las 24 danzas que caracterizan al negrito zapateador del pueblo hablan de palomitas, serranitas, zambo-cholo, yugo, zancudón, borrachito, pan alivio. La presencia ancestral andina está en la cultura negra a partir del indio campesino y su tradición: la riqueza peruana es tan grande como la familia como la familia, su unión, el respeto, la solidaridad del campesino, el trabajador que sale de casa con una botella de agua de hierbas y tres o cuatro panes con encebollado o camote frito. Sale orgullosa al alba, porque tiene vida para seguir trabajando y porque toiene aliento para silbar mientras la tierra y agradece estar vivo para seguir silbando.
Chebo Ballumbrosio
José y Gregoria, hijos de africanos, creyeron en una familia y la constituyeron, José era campesino; Gregoria, la que ordeñaba vacas. Tuvieron 15 hijos, todos dedicados a la agricultura. Eran analfabetos y sin educación, pero les bastó el trabajo y la creencia para estar protegidos.
Uno de los 15 hijos fue Basilio Ballumbrosio, era el que se desaparecía del pueblo porque estaba en la sierra, sabe Dios haciendo qué... Basilio era analfabeto igual que sus padres, pero inteligente, y aprendió el quechua por el sonido. Se comunicaba con los serranos y hacía de traductor para el hacendado.
Don Bacho fue padre de 11 hijos, se casó con una serrana, samba muy blancona: Isabel. En esta familia lo importante era la unión y el sacrificio: los hombres al campo y las mujeres al calvario.
Un día, uno de sus hijos, Amador, tuvo un accidente mortal. Fue a la edad de 4 años que Amador fue ungido con los sacramentos y bautizado con aguas, sal e incienso porque dios los llamaba. Isabel lo entregó al al niño Dios Rey de los Pastores y éste tendría que cumplir la promesa de su madre de zapatear y llevar la tradición de su pueblo a todas partes. Así Amador creyó en lo que hacía desde chico: zapatear para Dios y para los niños del pueblo.
Amador tiene 15 hijos, zapatea y toca el violín y a cada uno de sus hijos les untó los pies con aceite, agua y sal y les dio un compás de vida: primero el campo como escuela de vida en donde el trabajo con lampa duele; segundo el respeto a la vida y al trabajo, y tercero el respeto a la lampa porque así murieron sus ancestros.
Amador es casi una leyenda pues así lo quiso Dios, porque él nunca lucró con su don de ser artista, él siempre será así y nadie lo podrá cambiar; será como sus antepasados: indio-negro porque su abuela era serrana y porque José y Gregoria eran hijos de africanos.
Las 24 danzas que caracterizan al negrito zapateador del pueblo hablan de palomitas, serranitas, zambo-cholo, yugo, zancudón, borrachito, pan alivio. La presencia ancestral andina está en la cultura negra a partir del indio campesino y su tradición: la riqueza peruana es tan grande como la familia como la familia, su unión, el respeto, la solidaridad del campesino, el trabajador que sale de casa con una botella de agua de hierbas y tres o cuatro panes con encebollado o camote frito. Sale orgullosa al alba, porque tiene vida para seguir trabajando y porque toiene aliento para silbar mientras la tierra y agradece estar vivo para seguir silbando.
Chebo Ballumbrosio
10/06/09
Fiesta
9/03/09
Hace tiempo que nunca...
Ana Karina dancing: coming soon "Leonar Cohen in exotica"
(este blog se está reciclando)
(este blog se está reciclando)
2/03/09
Un deseo llamado tranvía
hace un año era un sueño , ahora ya es una realidad
se trata de una '' tranvía ''
ya se encuentra listo para salir ..¡¡¡¡
El museo aun necesita apoyo ,pocas son las personas
y empresas que apuestan por el arte y la cultura
aun nos encontramos en una lucha constante ...
saludos
carmiña
Museo de Arte Moderno
Fundación Gerardo Chávez
(044) 21-5668
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